Así es, en la zona de la Huerta del Rey, junto a los Jardines del Palacio de la Buhaira. Se encuentran los restos del que pudo haber sido uno de los monumentos más importantes de la ciudad, la Basílica de la Inmaculada Milagrosa. Comenzó a construirse en Mayo de 1928, con la colocación de la primera piedra, bendecida por el Cardenal Ilundáin, además de la presencia de S.M el Rey Alfonso XIII.

La Basílica iba a ser una espectacular iglesia neogótica cuya fachada estaría flanqueada por dos torres de 100 metros, pero su construcción se interrumpió con la muerte de su ideólogo, Aníbal González.

Los terrenos de la Huerta del Rey, propiedad de la Compañía de Jesús, se convertirían en una gran plaza central que daría acceso a este templo, diseñado a imagen y semejanza de las grandes catedrales españolas. La presencia de S.M el Rey Alfonso XIII en las obras de construcción, indica el interés que despertó el proyecto en la sociedad de la época. La Inmaculada Milagrosa, que se venera actualmente en una pequeña capilla de la calle Jesús del Gran Poder, pudo haber tenido su propia catedral.

El fallecimiento de Aníbal González detuvo las obras de ejecución de la Basílica. Desde entonces, y a pesar de la posterior creación de los Jardines de La Buhaira, la planta de la Basílica quedó abandonada durante años, hasta que fue adjudicada tras concurso público en diciembre de 2000, para su recuperación con un nuevo propósito.

Los restos del que fuera aquel ambicioso proyecto, despiertan para dar forma al restaurante La Basílica, construido con respeto hacia la obra original. Su cuidado diseño mantiene intactos los elementos arquitectónicos ya existentes: la planta en forma de cruz latina, o las girolas exteriores, permanecen inalterables entre salones acristalados, haciendo que el recuerdo de lo que pudo ser y no fue siempre esté presente.

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