Nació en Sevilla, en 1617, en el seno de una familia muy humilde. Fue bautizado en la antigua Parroquia de la Magdalena, quedando huérfano de padres a una edad muy temprana.

Se formó en el taller de su pariente Juan Castillo, donde pronto comenzó a destacar de entre sus discípulos. Estuvo en dicho taller 5 años, siendo uno de sus compañeros Alonso Cano.

En su juventud decidió establecer un taller de pintura, a precios económicos, que le permitiera vender cuadros sobre todo en pueblos. Este hecho no terminaba de satisfacer al artista, tanto es así que tras conocer copias de Van Dyck, surgió en él, el deseo de perfeccionar su pintura.

Conoció bien la pintura flamenca, debido entre otras cosas a la relevancia de Sevilla como importante ciudad comercial. No obstante, tomó la decisión de abandonar Sevilla por un tiempo, siendo el inconveniente su situación económica, por lo que tras adquirir unas telas, pudo pintar en cada uno de ellas un cuadro que vendería a un mercader que embarcaba para las Indias.

Emprendió camino a Madrid y logró que Velázquez le abriera las puertas de los palacios reales de Madrid, Toledo y el Monasterio del Escorial, con lo que pudo admirar y copiar grandes pinturas de diferentes maestros, educándose y perfeccionándose.

Trabajó en el estudio del propio Velázquez, volviendo a Sevilla cuando sintió que estaba preparado. En su ciudad natal causó sensación y admiración por su nueva forma de pintura, siendo entonces cuando comenzó a consagrarse verdaderamente como pintor.
Sus primeras obras están influidas por pintores de la talla de Zurbarán, Ribera, Alonso Cano, Rubens, Tiziano y Velázquez. Su obra fue adquiriendo importancia y evolucionó hacia un pintura de gusto burgués y aristocrático, como demuestran sus obras religiosas. Murillo se convirtió en un excelente pintor y poco a poco cimentó su fama.

A mitad del siglo XVII, pinta trece lienzos para el Claustro Chico del Convento Casa Grande de San Francisco de Sevilla (patrimoniodesevilla.es/el-ayuntamiento), que le proporcionan un justificado renombre. A raíz de unos cuadros que lleva a cabo para la Catedral de Sevilla, empezará a especializarse en los dos temas que más fama le han proporcionado, las vírgenes con niño y las Inmaculadas.

Tras una nueva estancia en Madrid entre 1658 y 1660, en este último año, intervino en la fundación de la “Academia de Pintura”, cuya dirección compartió con Francisco de Herrera el Mozo. En esa época de máxima actividad recibió importantes encargos, como el retablo del Monasterio de San Agustín, y cuadros para la Iglesia de Santa María la Blanca (patrimoniodesevilla.es/la-iglesia-de-santa-maria-la-blanca), concluidos en 1665. Otros encargos fueron, las pinturas para el retablo mayor y los altares de las capillas laterales de la Iglesia del Convento de Capuchinos de Sevilla, o los cuadros sobre las obras de misericordia para el Hospital de la Caridad.

El día 4 de abril de 1682, es enterrado en la primitiva Iglesia de Santa Cruz, la cual desapareció durante la ocupación francesa. Aunque más tarde volvería a ser levantada una nueva. El solar de la antigua es ocupado hoy día por la Plaza de Santa Cruz (patrimoniodesevilla.es/sabias-que-la-cruz-de-la-cerrajeria-no-siempre-estuvo-en-su-ubicacion-actual), bajo la cual, y en lugar ignorado, descansan los restos de Bartolomé Esteban Murillo. Una lápida, colocada en una de las fachadas de las casas de esta plaza, recuerda este hecho.

Fuentes bibliográficas:
artehistoria.com
biografiasyvidas.com
arteespaña.com
museodelprado.es
sevillapedia.wikanda.es
galeon.com
sevillainformacion.org
unpocodesevilla.blogspot.com.es
sevillaciudad.sevilla.abc.es

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