Siendo Rey de Castilla Pedro I, el monarca necesitaba nombrar al Escribano Mayor del Reino. Como no confiaba en muchos de sus allegados, decidió que la elección la haría él mismo.

Para lograr el objetivo, publicó un bando que fue enviado a diversos puntos, en el que apelaba a todos los que quisieran optar al puesto a presentarse en los Reales Alcázares.

Había cientos de aspirantes que se desesperaban porque la prueba de selección se eternizaba.

El Rey Pedro I los hacía pasar uno por uno y los situaba delante de un pequeño estanque en el que numerosas naranjas flotaban.

¿Cuántas naranjas hay en esta alberca?, preguntaba el monarca.

El aspirante decía el número de naranjas que creía haber contado y el Rey le invitaba a abandonar la habitación inmediatamente. No hubo respuesta que dejara satisfecho a Pedro I. Su cara era un poema y cada vez estaba más enrojecido y enojado.

Sólo quedaba ya un participante ansioso de alcanzar el puesto de Escribano Mayor. Tras hacerlo pasar ante el estanque, el Rey formuló la pregunta por última vez, ¿cuántas naranjas hay en el estanque?

El hombre no contestó inmediatamente y le hizo al monarca una petición: Quiero que me presten una vara antes de dar la respuesta.

Dádsela, comentó Pedro I a uno de los acompañantes que allí se encontraban. Cuando el hombre recibió la vara, comenzó a darle la vuelta a todas esas naranjas que flotaban comprobando que casi todas ellas no eran naranjas sino mitades y que, al estar flotando, parecían ser naranjas enteras.

Tras darle la vuelta a todas, las contó y dio al Rey el número correcto según su parecer.

¡Por fin uno que tiene sentido común! ¡Por fin he encontrado a mi Escribano Mayor!

Fuentes bibliográficas:
curiosidadesdesevilla.wordpress.com
sevillamiatours.com
sevillaciudaddeembrujo.blogspot.com
sevillamisteriosyleyendas.com

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