En 1350, Alfonso XI estaba poniéndole cerco al Peñón de Gibraltar.

Desde dos años antes, la epidemia de peste que estaba extendida por toda España también llegó a Gibraltar, contagiando a los soldados del Rey.

A pesar de intentar evitar que el Rey se contagiase, el monarca enfermó y fue alejado del frente de batalla. Pero este hecho no fue suficiente y Alfonso XI murió.

Como consecuencia de la muerte del Rey, el cerco sobre Gibraltar se levantó. También como consecuencia de que el ejército cristiano estaba muy mermado por la peste.

El cadáver del monarca fue llevado hasta Sevilla para ser enterrado. Acompañaba al féretro Leonor de Guzmán, hija de la sevillana familia de los Guzmanes, y amante del Rey. También iban en la comitiva los hijos bastardos Enrique y Fadrique.

En Sevilla, le esperaban su legítima esposa María de Portugal, y su hijo Pedro I. Elegido este como Rey, enfermó hasta el punto que se pensaba que no iba a ser capaz de superarla.

La Reina María de Portugal, se encomendó al poder divino y empezó a rezarle a la Virgen de las Fiebres. Pasados unos días, la fiebre desapareció y el rey empezó a encontrarse mucho mejor.

Aún convaleciente, iba junto con su madre (la Reina), a ver a esta imagen de la Virgen para darle gracias. Dicha talla, se encontraba antiguamente en el Convento de San Pablo, hoy Parroquia de la Magdalena.

Fuente bibliográfica:

-Apuntes para conocer Sevilla (Jaime Passolas Jáuregui).

 

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