Ubicada en la Plaza de San Andrés esquina con la Calle Cervantes. La Casa Lissen llegó a ser en su momento, uno de los mejores palacios de Sevilla, y un magnífico ejemplo de la arquitectura regionalista.

Este maravilloso edificio fue un encargo de José Julio Lissen Hidalgo al arquitecto José Espiau y MuÃñoz. En realidad se trata de la remodelación de una casa ya existente, pero el resultado es un palacio de nueva planta. Espiau reproduce en este edificio, entre 1918 y 1919, los mismos modelos que aplicaría en el Hotel Alfonso XIII, pero a menor escala. La fachada ya nos deja entrever lo que nos podemos encontrar en el interior, pero solo en algunos detalles, ya que en general es bastante sencilla en comparación con el interior de la casa. Azulejos y forja dan personalidad a una fachada dividida en tres plantas, la principal, el piso noble y una tercera planta para el servicio.

Tras acceder por la puerta principal, con acceso por la Plaza de San Andrés, nos recibe un lujoso vestíbulo. El espacio se distribuye en tres naves separadas por columnas y arcos decorados con pinturas murales y azulejos. En el techo, un magní­fico artesonado de tradición renacentista.

Desde el vestí­bulo accedemos al patio principal, en el que nos encontramos con un derroche de la mejor arquitectura regionalista. Se toman como modelo los grandes palacios sevillanos, los Reales Alcázares y la Casa de Pilatos. Yeserías, artesonados, pinturas, forja…son los materiales empleados en la construcción del edificio.

El patio comunica todas las dependencias de la casa. A este se abre la portentosa escalera que asciende a la segunda planta, dando patio los diferentes salones del palacio. Uno de ellos tiene un interesante zócalo de madera decorado con hojas de acanto, la cubierta es otro espectacular artesonado.

Siguiendo en la planta baja, nos encontramos el comedor de verano. La planta de abajo se reservaba para los meses de calor y la superior se utilizaba en invierno. Una vez atravesada una espléndida cristalera, accedemos a dicho comedor.

Si el vestí­bulo fue creado para deslumbrar al visitante, la escalera cumple esa misma función. Diseñada en tres tramos con balaustrada de mármol, las paredes están forradas de azulejerí­a donde destacan el amarillo y el azul. Querubines, angelotes y toda clase de personajes mitológicos danzan en los diferentes paños de azulejos, sosteniendo frutos y cartelas con bustos de los dueños del palacio.

Del primitivo palacio se han conservado algunas de las estancias, otras se han perdido con el paso del tiempo. En esta planta noble nos encontramos estancias tan interesantes como el Salón de Fumar, cubierto con una bella bóveda y cuyas puertas están ricamente decoradas. O el Salón de Baile, una estancia que no podía faltar en una casa de este tipo, en la que las grandes fiestas servían para que la alta sociedad se relacionase. Por último llegamos al comedor de invierno, con una estructura muy parecida al de verano. Una exedra se abre hacia el jardí­n con amplios ventanales que iluminan la estancia.

Estamos ante una de las casas más bellas de Sevilla. Fue testigo de una época en la que las buenas expectativas de la Exposición Iberoamericana de 1929 fomentaron la monumentalización de la ciudad gracias al dinero que movía el evento. El Regionalismo ha sido desde entonces, la mejor carta de presentación de la ciudad. Un estilo que estamos acostumbrados a ver en fachadas, pero también en interiores.

Nota: Las fotos de los interiores están sacadas de la web culturadesevilla.blogspot.com.es

Fuentes bibliográficas:

-Sevilla el casco antiguo. Historia, arte y urbanismo (Diego Cardoso Bueno).,

culturadesevilla.blogspot.com.es

idus.us.es

sevilladirecto.com

 

 

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