La siguiente noticia acerca de la muralla de Sevilla se remonta al año 913 cuando el “hayib” del por entonces todavía emir Abd . al – Rahman al Nassir entra en la ciudad después de una larga etapa de revueltas y de relativa autonomía de la misma. Al parecer, el recién nombrado Gobernador de Sevilla Ibn al – Salim, decide la destrucción de la muralla para evitar el peligro de nuevas sediciones. La demolición tendrá lugar en este año 913.

Los historiadores Ibn Hayyan, al Bakri y al – Himyari afirman que la muralla fue totalmente destruida, “juntando almenas con base”. Parece desde luego más probable que se limitase la demolición a las puertas y se abriesen portillos en diversas zonas de la muralla. Porque un siglo más tarde constatamos un cerco amurallado y no existen pruebas suficientes como para contar con tres recintos diferentes: uno romano, otro de época del emirato y otro posterior de época taifa. Juan de Mata Carriazo opina efectivamente que la demolición no fue total, aunque más tarde se aprovecharían los materiales de los derribos parciales en otros nuevos edificios de la ciudad.

Las fuentes árabes señalan que el recinto amurallado de Sevilla se reconstruyó en tierra (“turab”) en época de los Banu ‘ Abbad. La reconstrucción debió realizarse sobre los mismos cimientos e idéntico trazado de la muralla reconstruida en época de al – Awsat, a su vez apoyada en el antiguo cerco romano. La descripción de autores del siglo XI junto con los textos de este mismo momento y los estudios históricos coinciden y hacen suponer que la muralla construida en época Abbadí seguía el trazado del antiguo recinto amurallado romano.

Por tanto, hasta época almorávide, la Sevilla islámica tuvo un único recinto amurallado que venía a coincidir con las líneas de la muralla de la ciudad romana. Sólo en el flanco Sur de la ciudad diversas construcciones palaciegas prolongaban los límites de la urbe. En el sector Occidental del perímetro urbano hispalense sólo se encontraron dos murallas: la romana y la almorávide.

Este desarrollo de los recintos amurallados de la Sevilla islámica concuerda con el balance demográfico conocido en la ciudad en esta época. Durante la etapa del Emirato Omeya, por razones de defensa, se conservó la muralla romana a través de varias reconstrucciones. En este periodo el crecimiento poblacional no hizo necesario un aumento del perímetro de la cerca. Durante la etapa del califato y de la taifa abbadí, las murallas no eran necesarias y la población se fue desparramando más allá del antiguo recinto amurallado. Al sobrevenir una nueva época de peligro bélico se levantó un nuevo recinto amurallado por los almorávides, hacia 1125, englobando los inmuebles, terrenos, poblados y pequeñas explotaciones agrícolas que habían sobrepasado los límites de la primitiva cerca romana, reaprovechada y reconstruida numerosas veces.

Partiendo del tramo conservado en el Sector de la Macarena, parece plenamente comprobado que faltan restos hasta los actuales Jardines del Valle. Desde este tramo conservado del Valle y hasta la Puerta de Osario también se ha perdido la muralla, pero entre esta última puerta y la de Carmona se destruyó en 1985 un importante lienzo y todavía es posible encontrar alguno más. Si seguimos hacia la Puerta de la Carne, aún está en pie el llamado Muro de los Navarros. Desde la Puerta de la Carne hasta el tramo que se conserva junto a los Jardines de Murillo todo se ha perdido. Como es sabido, el conjunto del Alcázar conserva importantes testimonios y a comienzos de la Calle San Fernando, en el actual “Restaurante Oriza”, se conserva un paño de muro perteneciente a la antigua muralla. Dentro del recinto de la Casa de la Moneda subsisten bastantes tramos amurallados, constatados muchos de ellos en las obras de rehabilitación del edificio, todavía en curso. En las inmediaciones de la Catedral se conserva dentro de la Plaza del Cabildo un lienzo de longitud considerable y en el inmueble en obras frontero al antiguo “Coliseo España”, al parecer, también se han hallado restos, aunque este extremo no ha podido ser verificado. A partir del sector de la Casa de la Moneda y hasta la Puerta de Triana existen tramos seguros que se conservan como medianeras, además de los lienzos anejos a los dos postigos: el del Carbón y el del Aceite. Entre la Puerta de Triana y la de San Juan, sabemos de la existencia de lienzos como medianeras de inmuebles. Destacan los lienzos conservados en la zona de la antigua Puerta Real y flanco derecho de San Laureano. Por último, desde esta zona hasta el Arco de la Macarena todo el trazado de la antigua muralla parece haber desaparecido.

Sin duda, el tramo de mayor entidad es el conservado en lo que fuera huerto del extinguido Convento del Valle, hoy convertido en Jardín Público. Se trata de un tramo de muralla que desde la antigua entrada a los jardines del desaparecido Colegio del Valle, corre aproximadamente paralelo a la ruinosa Iglesia del Convento, sector este en malas condiciones, horadado por varias entradas y vanos y actualmente en proceso de restauración. Luego los lienzos de muralla quiebran su recorrido cerrando el jardín y sirviendo de separación de éste con la parte trasera de las casas números 90 a 126 de la Calle Sol. Después de las recientes restauraciones, sobresalen en este tramo dos torreones cuadrados con la característica doble faja almohade y merlones de terminación apiramidada. El lienzo de muralla se pierde en las casas que por la derecha flanquean el jardín.

A pesar de la subida considerable del nivel del suelo y la falta de barbacana, este sector de Murallas del Valle aún conserva buena parte de la reciedumbre y majestad propia de la arquitectura militar del Medievo. De aquí que en 1859, al ser consultada la Comisión Provincial de Monumentos sobre las zonas de la muralla que merecen conservarse, decidió que “el sector que desde la Puerta de Córdoba llegaba hasta enfrente de la Fábrica del Salitre – aproximadamente el lugar del jardín del Valle Actual – era de no escaso mérito por lo imponente de sus proporciones y la majestad de su aspecto”.

De los demás tramos, le sigue en interés el lienzo que cruza la conocida como “Plaza del Cabildo”, integrada en un inmueble de moderna construcción. Su trazado es aproximadamente perpendicular a la fachada de los pies de la Catedral hispalense, cerrando la plaza antedicha y separándola de los inmuebles que se asoman a ella por su flanco derecho. No presenta ningún elemento destacado, ni torres, solo un muro almenado con merlones sencillos.

A ambos lados de la Puerta Real se conserva todavía el lienzo de muralla que flanqueaba a ésta. Por la Calle Goles, el tramo sirve de medianera entre el antiguo Convento de San Laureano y la Capilla y las casas que se le adosan por este lado, en la acera de enfrente se aprecia, gracias a un retranqueo de las fachadas de los inmuebles y en línea con el anterior lienzo, otro que aún conserva su almenado con merlones encapuchados. Por su disposición, parece parte de una torre que flanquearía la antigua puerta o un ensanchamiento de la muralla al contacto con dicha puerta.

Numerosos son los fragmentos o trozos de lienzos de muralla embutidos en diversos edificios o utilizados como medianeras. Es evidente que éste no es un tema agotado, sino antes bien susceptible de nuevos hallazgos siguiendo la línea, ya prácticamente determinada con exactitud, por donde discurría la muralla hispalense. Restos emergentes y de fácil comprobación son un fragmento de lienzo en la zona de la antigua Puerta de Carmona, conservada en una especie de callejón entre dos inmuebles; otro en el interior del Restaurante Oriza y un tramo que corta los inmuebles números 24 y 25 de la Calle Torneo, almacenes actualmente cerrados donde se ha comprobado efectivamente la existencia de este resto por excavaciones.

En general, los restos de la muralla presentan características homogéneas. Su trazado es levemente quebrado, en entrantes y salientes, siguiendo la estrategia militar de la época que permitía de esta forma combatir mejor a los enemigos. A este recurso responde también la disposición de los Torreones, de planta rectangular de unos 4 metros de anchura, proyectados hacia fuera de los lienzos de la muralla unos 4,5 metros y dispuestos aproximadamente cada 40 metros. Estas torres son macizas hasta la altura del paseo de ronda, que pasa a través de ellas, y arriba suelen tener una dependencia abovedada desde la cual y por medio de una escalera se sube a la azotea superior protegida por el antepecho almenado. Por delante de la muralla propiamente dicho, a unos tres metros de ella, corre la barbacana que la bordea y repite los entrantes y salientes de lienzos y torres.

En cuanto a la fábrica de la muralla es de tapial, como es característico de las fortificaciones andalusíes y magrebíes de los siglos XII y XIII, en este caso es de derretido de cal, arenas y guijarros, que con el tiempo adquiere una dureza considerable. Las cajas de tapial suelen tener una dimensiones de 2,25 metros de largo y 0,85 de alto. El sistema de construcción era por medio de tableros en posición vertical sostenidos a la distancia conveniente por agujas de madera. Generalmente, el grueso de los muros suele estar alrededor de los 2 metros. En la reforma almohade se incorpora el ladrillo en los típicos filetes planos que de manera doble corren por debajo del adarve de las torres. A veces, en torreones señalados como el de la Plata o el Oro, se incorporan como refuerzo en la zona baja y en las esquinas sillares de piedra. También aparecen núcleos de ladrillo reforzado, algunos paramentos, pero estos rellenos parecen responder a obras de consolidación o reparaciones posteriores.

Fuentes bibliográficas:
sevillapedia.wikanda.es
institucional.us.es
culturadesevilla.blogspot.com
isbiliya.com
galeon.com
unpocodesevilla.blogspot.com
iaph.es
leyendasdesevilla.blogspot.com.es
takesevilla.com
sevillanisimo.es
artesacro.org
artehistoria.com
-Historia de Sevilla (José María de Mena).
-Apuntes para conocer Sevilla (Jaime Passolas).
-Sevilla. El casco antiguo. Historia, arte y urbanismo (Diego Cardoso Bueno).
-20 maneras de entrar en Sevilla (Juan Miguel Vega).

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