En el solar que hoy ocupa el Palacio de Altamira (Calle Santa María la Blanca), hubo en época almohade una construcción interpretada como una vivienda. De su entorno se conoce una mezquita, unos baños y un pequeño zoco, lo que indica que a su alrededor se desarrollaba una intensa vida urbana.

Poco después de la reconquista de Sevilla, esta zona quedó incluida en la Aljama Judía, cuyos habitantes participaban en la vida comercial y económica de ámbito local. El cargo de Contador Mayor estuvo durante varios reinados en manos de judíos que habitaban las casas encontradas en este lugar. El asalto a la Judería en 1391 propició que los terrenos pasaran a manos del responsable de la Justicia Mayor de Castilla, Don Diego López de Stúñiga, que levantó sobre ellos este edificio.

La mansión estuvo unida en los siglos XV y XVI al linaje de los Stúñiga, Condes de Plasencia, Duques de Béjar y señores de grandes estados en Extremadura y el Reino de Sevilla, hasta que quedó ligada al Marquesado de Villamanrique y de Ayamonte, y posteriormente al Condado de Altamira, por el que hasta hoy se le conoce.
Todos estos propietarios fue haciendo obras y mejoras adaptándose a los gustos y necesidades de sus dueños, desde el siglo XVII al XIX. Centuria ésta en que dejó de estar vinculada al linaje noble, y como ocurriera con otras notables mansiones sevillanas fue destinada a casa de vecindad en alquiler. Por ello se realizarían en el edificio reformas que enmascararon definitivamente la primitiva construcción mudéjar que ha sido descubierta nuevamente en el proceso de intervención arqueológica.

Es uno de los edificios de mayor envergadura de la ciudad, compuesto por varias edificaciones cuyo origen es un palacio mudéjar que posteriormente se amplió para convertirse en residencia de familias nobles y que finalmente en el XIX se adaptó a casa de vecinos.

El palacio mudéjar se organizaba en torno a un patio y muestra bastantes analogías con el palacio mudéjar del Alcázar sevillano. Del conjunto de edificaciones primitivas parece quedar constancia en una amplia edificación rectangular dividida en dos plantas y paralela a la fachada y en otra sala cuadrada situada a la derecha del patio, así como en los dos patios más pequeños.

La sala rectangular está simétricamente ordenada y cuenta con un gran espacio central, cubierto por un artesonado de madera, y dos salas laterales con bóvedas sobre trompas donde están pintados los escudos de la familia de Altamira y Guzmán. Un estrecho pasillo que se supone sería el acceso desde el patio pequeño a las galerías del grande y desde éste a las salas, separa la sala de la Calle Céspedes. Tanto el espacio central como el pasillo se cubren por un artesonado de madera y se decoran junto con el patio con yeserías de finales del siglo XIV.

El palacio cuenta con un segundo patio de mayores dimensiones, con arquerías en sus cuatro lados observándose en su construcción dos momentos diferentes. Uno correspondiente al lado que lo separa de la Calle Céspedes, donde la arquería parece incluida en alfices y una de cuyas columnas cuenta con un capitel califal, y otro el correspondiente a las otras tres caras, cuyas arquerías parecen ser todas de fecha reciente.

De las dos escaleras actualmente existentes, la situada al fondo de la edificación parece ser original y la escalera más próxima a la fachada parece ser coetánea con ésta, de la época en que el palacio se convirtió en la casa de los Villamanrique.

La crujía de fachada aparece como una operación unitaria, ejecutada en el siglo XVII, destinada a proveer de fachada y de un cuerpo principal de habitaciones al conjunto de salas y patio principal que configuraban el antiguo palacio mudéjar.

Otra transformación importante que afecta al edificio puede fecharse a finales del XIX, en que se adapta a casa de vecinos. De esta fecha deben provenir elementos tales como la pequeña edificación que ocupa parte del patio de entrada y las escaleras que unen la planta baja de la crujía de fachada con las entreplantas.

En el alzado destaca la portada principal abierta en arco de medio punto, con jambas y dintel moldurados que recoge el balcón principal. El paramento se divide en calles por pilastras pareadas y se remata por una cornisa con modillones a lo largo de toda la fachada. Sobre el alero de tejas aparecen dos buhardillas, rematadas por frontón curvo.

La rehabilitación efectuada durante la última década del siglo XX ha permitido la recuperación del edificio mediante un proyecto cuidadoso que ha puesto en valor los diferentes espacios del Palacio, ejemplo de intervención en el que la participación multidisciplinar ha permitido valorar adecuadamente las estructuras superpuestas del edificio.

Fuentes bibliográficas:

-Sevilla. El casco antiguo. Historia, arte y urbanismo (Diego Cardoso Bueno).

iaph.es

esasevilla.blogspot.com

sevillapedia.wikanda.es

sevillanísimo.es

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