11259815_425214237638094_2299795943084215885_nEl primer Arzobispo de Sevilla fue un Caballero Templario, el Infante Don Felipe, hijo de Fernando III el Santo, y de Beatriz de Suabia.

El Rey Santo previó altas responsabilidades eclesiásticas y lo nominó, cuando contaba solo 16 años de edad, Abad de Castrogeriz, dejando claro el camino que el Infante debía seguir en adelante y que, con el paso del tiempo, lo encumbraría al arzobispado de Sevilla.

Al poco de su designación como Abad, los tutores de Felipe aconsejaron a su padre que el Infante perfeccionara sus estudios en la Universidad de París, completando su formación en la Orden del Temple.

Felipe fue Canónigo de las catedrales de Burgos y Toledo, y Abad de la Colegiata de Valladolid, viajando a tierras hispalenses para incorporarse al largo asedio de la Sevilla musulmana. Tan orgulloso estaba Fernando III de la talla intelectual alcanzada por su hijo, que lo designó obispo de la ciudad antes de su conquista en Noviembre de 1248. Y tras ésta, lo presentó de manera inmediata como Arzobispo de Sevilla, aunque pendiente de la edad canónica para el cargo, pues con sólo 21 años carecía del mínimo pertinente para tan alta dignidad. En tanto, fue nombrado administrador de la diócesis el Obispo de Segovia, Don Remondo. Hubo que esperar hasta 1252 para que llegara desde Roma la confirmación de la investidura por el papa Inocencio IV. Con su hermano Alfonso X ya como Rey, Felipe recibió el anillo y la mitra arzobispal el 24 de agosto de 1254. La Orden del Temple tenía motivos para sentirse orgullosa: un Caballero Templario ocupaba el Arzobispado de Sevilla y era la primera persona en hacerlo después de más de medio milenio de adscripción islámica de la urbe.

Pero la historia no termina aquí, pues la educación recibida por el ahora arzobispo lo había hecho una persona poco dada a convencionalismos. Así, Felipe asistió a unos festejos organizados por Alfonso X en el Real Alcázar de Sevilla y quedó prendado de una de las invitadas: Cristina, hija del Rey de Noruega. Había viajado a España para contraer matrimonio con un miembro de la Casa Real Castellana, que quería sumar Noruega al listado de apoyos que Alfonso X necesitaba para ser nombrado Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Pero los planes tuvieron que cambiar al protagonista masculino, pues entre Felipe y Cristina el flechazo fue mutuo. De inmediato, el Arzobispo de Sevilla pidió a la Orden del Temple autorización para casarse con la princesa nórdica y solicitó de su hermano y soberano que le permitiera cesar en su rango y votos eclesiásticos para contraer matrimonio.

El Rey Sabio, dio luz verde al enlace conyugal. Y lo mismo hizo el Prior del Temple asentado en Sevilla, otorgando a Felipe la condición de “Caballero Terciario”, esto es, casados que se mantenían asociados a la Orden y que al morir dejaban a ésta sus propiedades. De este modo, Felipe y Cristina contrajeron matrimonio el 31 de marzo de 1258. La ceremonia se celebró en la Colegiata de Valladolid, aunque la pareja fijó su domicilio en la capital hispalense. En Mayo de 1259, Don Remondo ocupo el sillón arzobispal dejado vacante por Felipe.

Fuentes biliográficas:
emiliocarrillobenito.blogspot.com.es
-Apuntes para conocer Sevilla (Jaime Passolas).

Deje su comentario

comments