Este colosal Crucificado, aparece clavado en una cruz arbórea mediante tres clavos, con la herida de la lanzada en el costado derecho.

La talla se muestra levemente descolgada respecto al travesaño horizontal de la cruz. Tiene la cabeza inclinada hacia su lado derecho y hacia delante con el mentón apoyado en el pecho. Esta postura origina un pliegue en el cuello que el escultor realiza con gran realismo. El rostro tiene forma ovalada, los ojos están cerrados y ligeramente hundidos con marcadas ojeras, encontrándose las cejas algo arqueadas. La nariz presenta el tabique nasal pronunciado y las aletas nasales marcadas. La boca tiene los labios entreabiertos dejando a la vista los dientes de ambos maxilares que aparecen mostrando la tensión del sufrimiento padecido. El labio superior está oculto por el bigote, salvo la zona central que es más abultada, mientras el inferior es grueso. Muestra la barba bífida, al igual que el bigote, la talla está realizada en el inicio mediante suaves incisiones, la barba se inicia también con leves incisiones y desde la zona inferior de los pómulos se va abultando formando pequeños rizos hacia la parte de la mandíbula y el mentón. El cabello es largo formado por sinuosos mechones que se encuentran pegados al bloque craneano y caen sobre la nuca. Por el lado derecho desciende un grueso mechón hacia delante por el lateral del rostro y por el lado izquierdo otro pequeño mechón enmarca la oreja dejándola a la vista. Lleva la corona de espinas tallada, que se ajusta sobre la frente clavándole algunas espinas. Se ha puesto de manifiesto la rica policromía de la corona con matices de color verde, simulando las ramas que aparecen sujetas entre sí por una especie de cintas también talladas en madera.

El torso muestra el tórax hinchado con el vientre rehundido y las costillas marcadas. Lleva el sudario tallado por un plegado anguloso situado a la altura de las caderas. Es evidente el dramatismo del rostro, destacando la tensión de la boca y los rasgos faciales con los signos de la defunción. A esto hay que añadir la excelente calidad de la policromía que representa con gran virtuosismo los tonos de la piel y las marcas de la pasión de Cristo tras la Crucifixión. Se ha podido comprobar que las características técnicas de la misma son muy semejantes a la del gran Cristo de la Clemencia de la Catedral de Sevilla, realizado por Martínez Montañés en 1603 por encargo del arcediano Vázquez de Leca. Es una policromía compuesta por unas capas muy delgadas que deja trasparentar casi la madera. Se confirma la gran calidad artística de la obra.

A través del análisis estilístico se observan claros grafismos de la producción de Martínez Montañés, sin embargo presenta algunas características tanto a nivel compositivo como técnico que difieren en parte de otras imágenes suyas del mismo tema iconográfico.

El Cristo de los Desamparados fue realizado hacia 1617 por Juan Martínez Montañes, quizás con la intervención de algún discípulo en algunas tareas. Documentalmente en una cédula judicial de 1623 se comenta que Martínez Montañés había escriturado la realización de una imagen de un Cristo que el Convento de los Carmelitas Descalzos de Sevilla tenía pasado el año 1617.

Presenta algunas características técnicas similares a otras obras documentadas de Martínez Montañés. La manera singular de ensamblar las piezas que componen el rostro es muy parecida a la del Cristo del Auxilio de Lima. También es prácticamente igual la policromía a la del Cristo de la Clemencia.

Como hecho histórico destacable, hay que reseñar que el Cristo de los Desamparados, fue el titular de la Hermandad de la Lanzada entre los años 1852 y 1915. Siendo su nombre, en aquellos tiempos, el de Cristo de la Sagrada Lanzada.

Nota: La foto que acompaña al texto está extraída de la web palios.wordpress.com

Fuentes bibliográficas:

iaph.es

archisevilla.org

denazaretasevilla.com

conventosantoangel.es

 

 

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