Ubicado extramuros ,en la ronda histórica, y enfrente de la Iglesia de San Hermenegildo y la Puerta de Córdoba.

El Convento de Capuchinos fue fundado en 1627, sobre el lugar en el que parece ser tuvo lugar el martirio de las Santas sevillanas Justa y Rufina, y donde estuvo sepultado San Isidoro de Sevilla.

Este convento franciscano, es conocido por el majestuoso ciclo pictórico que pintó Bartolomé Esteban Murillo, para la iglesia del convento. Dicho conjunto, fue trasladado a Gibraltar con motivo de la invasión francesa de 1810. Una vez concluido el asedio, la gran mayoría de los cuadros volvieron a Sevilla, los cuales se pueden contemplar hoy en el Museo de Bellas Artes. Hubo algunos cuadros que se “perdieron” por el camino, como el Ángel de la Guarda (Catedral de Sevilla), el Arcángel San Gabriel (Viena), el Jubileo de la Porciúncula (Colonia).

En la misma Ronda de Capuchinos está la puerta de entrada al compás del convento. Es una estructura compuesta de un arco de medio punto, sobre el que se encuentra un frontón triangular en el que aparece una talla en piedra de San Francisco de Asís. La cual fue realizada por Pedro Navia y Campos.

Una vez hemos accedido al compás, el mismo se encuentra ornamentado, con un Vía Crucis en azulejos. Además, podemos encontrar una cruz de forja.

En uno de los laterales de este compás, se encuentra la Capilla de la Orden Tercera. Se entra a través de una rampa, y alberga un retablo del siglo XVIII.

La fachada de la iglesia tiene tres arcos de medio punto. Sobre el central, se ubica un azulejo de la Divina Pastora, de Enrique Orce (1921). Una devoción que surgió como una aparición a Fray Isidoro de Sevilla.

Una vez accedemos al atrio de entrada, encontramos dos magníficos retablos cerámicos, también de Enrique Orce, los cuales representan el Abrazo de San Francisco a Cristo, y la Coronación de la Divina Pastora.

Ya en el interior de la iglesia, encontramos tres naves, con capillas y retablos en las naves laterales. La nave central está cubierta por una bóveda de cañón con lunetos, bóveda semiesférica sobre pechinas, delante del presbiterio y bóvedas baídas en las naves laterales.

Presidiendo el presbiterio estuvo en su momento un retablo compuesto por 9 cuadros, de entre los que destacaba el Jubileo de la Porciúncula. Acompañándole en dicho lugar se encontraban, la Virgen de la Servilleta, las Santas Justa y Rufina, la Santa Faz, San Leandro y San Buenaventura, San Juan Bautista, San José con el Niño, San Antonio de Padua, y San Félix de Cantalicio.

En el lugar de este retablo, hoy encontramos, un crucificado a cuyos lados se encuentran las tallas de las Santas Justa y Rufina. Interesantes son también los ángeles lampareros.

En la nave izquierda, en la primera capilla, encontramos a la Virgen de la Soledad (Juan de Astorga), la cual fue donada al convento por Francisca Lorenza de Segovia (esposa de Pedro Pumarejo). A continuación están la talla de San Félix de Cantalicio (Adolfo López Jurado) y de San Francisco de Asís, junto a pinturas muy relevantes de Virgilio Mattoni. En la nave derecha, se pueden contemplar, a San Antonio de Padua y a Fray Diego José de Cádiz.

Mención a parte, merece la imagen de la Divina Pastora de las Almas, ubicada en un camarín de la nave izquierda. Esta advocación nació en esta Comunidad de Capuchinos, siendo la imagen de José Fernández Guerrero (1802). Fue fray Miguel de Otura, quien trajo esta bella imagen desde Cádiz.

Fuentes bibliográficas:

-Murillo y los Capuchinos de Sevilla (Virginia Marqués Ferrer).

-Paseando por la Sevilla antigua (Jaime Passolas Járegui).

-Iglesias de Sevilla (Manuel Jesús Roldán Salgueiro).

artesacro.org

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